Una de las preguntas más frecuentes que recibimos sobre Return Stackinges:
“¿Cuál es el peor escenario posible?”
La respuesta corta: Cuando usas apalancamiento, el peor caso es que las correlaciones converjan hacia 1, todo caiga al mismo tiempo y recibas un margin call.
Pero...¿Qué probabilidad real hay de que eso ocurra?
La respuesta más realista depende de dos factores clave: la estrategia y la estructura empleadas.
Viejas soluciones, viejos problemas
Históricamente, muchas estrategias de portable alpha gestionaban el beta (exposición principal) y el alpha (estrategias complementarias) por separado.Esto creaba fricciones operativas:
problemas al rebalancear,
tensión por márgenes,
y desafíos de liquidez en momentos complicados.

Nuevas estructuras, más robustas
Hoy en día, muchas gestoras —como la nuestra— ofrecen soluciones integradas. Es decir, una única cartera empaqueta tanto el beta como el alpha, con exposiciones ajustables y gestionadas de forma coordinada.
En el caso de nuestras carteras Return Stacked®, esto nos permite optimizar tanto la eficiencia fiscal como la seguridad operativa. Veamos un ejemplo real.
Cómo se comportó una cartera apalancada en un entorno adverso
Durante el episodio conocido como “Tariff Tantrum”, pusimos a prueba estructuras como nuestro ETF RSST, con una estrategia compuesta por:
100% renta variable estadounidense
100% estrategias trend-following en futuros gestionados
y una volatilidad combinada del 13,5%.
Implementamos esta exposición del siguiente modo:
75% acciones al contado
25% en efectivo o equivalentes
25% exposición adicional vía futuros del S&P 500
100% de exposición adicional a través de nuestro programa de Managed Futures
Es decir, manteníamos un 25% de liquidez que también servía como colateral.

¿Qué pasó cuando todo cayó a la vez?
3 de abril:
El S&P 500 cayó un -4,9%
Nuestro programa de Managed Futures cayó un -2,4%
4 de abril:
El S&P 500 cayó un -5,9%
Nuestro programa cayó otro -2,7%

¿Cómo impactó eso al margen?
Solo el 25% de la exposición a renta variable estaba implementado vía futuros. Por tanto, el efecto en el colateral se puede estimar como:
Día 3: 25% × (-4,9%) + (-2,4%) = -3,7%
Día 4: 25% × (-5,9%) + (-2,7%) = -4,2%
Tras dos días sin rebalancear, el efectivo habría pasado de $25 a $17,3 (por cada $100 de valor neto de la cartera).Suficiente para cubrir el margen de mantenimiento requerido.
¿Qué pasó con el valor total de la cartera?
Claro, el NAV también cayó.Partiendo de $100, terminó en $84,4.
Pero la ratio de colateral siguió siendo razonable:$17,3 / $84,4 = 20%
Incluso sin hacer nada durante esos dos días, no se habría generado una presión significativa sobre el margen.
Conclusión: Baches si, Cunetas no
¿Fue el “Tariff Tantrum” el peor escenario posible?
No. Ni de lejos.
Pero sí fue una buena prueba de estrés para una cartera apalancada con dos motores: renta variable y estrategias trend-following.
Y aun así, la estructura aguantó. Porque estaba pensada para eso.
En las carteras todo terreno, sabemos que episodios donde varios activos caen a la vez son inevitables. No son errores de sistema, son parte del camino. A corto plazo, la correlación entre piezas puede estrecharse y doler. Pero a medio y largo plazo, la diversificación estructuralfunciona.
La clave está en el diseño:Preferimos notar la volatilidaden el día a día y adaptarnos,antes que acumular riesgosinvisibles como hacen muchas carteras tradicionales…y despertarnos un día con el coche volcado en la cuneta.
¿El riesgo del return stacking? Simple: si dos activos caen a la vez, sufrimos por duplicado. Pero ese golpe está previsto, gestionado y en gran medida absorbido por el resto del motor.
Cada activo y estrategia en nuestras carteras tiene una rentabilidad esperada positiva a largo plazo. Y Y ahora mismo, aunque duela, seguimos dentro del plan.
No se trata de evitar los baches. Se trata de tener un vehículo capaz de seguir en marcha, pase lo que pase.




